miércoles, 18 de marzo de 2020

5 ansiolíticos naturales

5 ansiolíticos naturales

Edith Sánchez ·  28 enero, 2018
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González el 28 enero, 2018
Existen varios ansiolíticos naturales que pueden ser una excelente opción (previa consulta con el médico) para complementar o sustituir a los medicamentos alopáticos. Son muy recomendables en caso de ansiedad leve o moderada. Asimismo, muchas veces permiten disminuir la «carga química» que ingerimos, un cambio especialmente positivo en el caso de las personas ya medicadas. En tales circunstancias, siempre se debe contar con la opinión del médico antes de tomar cualquier decisión.
Lejos de demonizar a los medicamentos, lo cierto es que juegan un papel muy importante en momentos específicos. Hay situaciones de crisis en las que son la única alternativa para aliviar un síntoma o para compensar a un paciente. Sin embargo, se sabe que tienen un importante número de efectos secundarios, por lo cual generan otros problemas de salud a medio y largo plazo.
“La comida que comes puede ser la más poderosa forma de medicina o la forma más lenta de veneno”.
-Ann Wigmore-
Por lo anterior, los ansiolíticos naturales resultan ser una magnífica opción. No tienen efectos secundarios y, en cambio, sus efectos principales sí que son muy beneficiosos para nuestra salud. Son también una buena alternativa para el consumo regular. No necesitas estar en una condición especial para ingerir esos magníficos productos. Estos son cinco de esos ansiolíticos naturales.

1. La valeriana, uno de los mejores ansiolíticos naturales

La valeriana es una hierba que desde tiempos inmemoriales se ha empleado para “calmar los nervios”. Es uno de los ansiolíticos naturales más conocidos por sus efectos sedantes y relajantes. No solo contribuye a reducir la ansiedad como tal, sino que también disminuye las palpitaciones y ayuda a conciliar el sueño.
Se trata de un producto natural que se encuentra fácilmente en cualquier mercado de plantas. No se debe pasar por alto que esta hierba tiene efectos en nuestro organismo cuando la consumimos. Por lo tanto, quienes toman medicinas, de cualquier tipo, deben consultar con el especialista antes de incluirla dentro de su consumo habitual.
valeriana, un de los ansiolíticos naturales

2. El tilo, otra hierba maravillosa

El tilo, o tila, es uno de los ansiolíticos naturales más antiguos. Al igual que la valeriana, viene empleándose desde hace siglos para calmar la agitación y los estados de estrés. Tiene efectos calmantes y facilita la conciliación del sueño.
Lo más recomendable es que todo este tipo de hierbas se preparen en infusión. Solo se debe poner a hervir agua. Cuando esté en el punto de ebullición, se debe añadir la hierba y retirar del fuego. Después se espera unos diez minutos y ya se puede beber. Lo ideal es hacerlo tres veces al día, una de ellas en la noche, antes de dormir.

3. El triptófano, un componente estupendo

Aunque el nombre de “triptófano” no es muy conocido, la verdad es que no se trata de un elemento raro, ni mucho menos. Se trata de un aminoácido que está presente en diversos alimentos. Su principal característica es que contribuye a que se produzca mayor segregación de serotonina, una hormona que equilibra el estado de ánimo.
Dentro de los alimentos que contienen triptófano y que, por lo tanto, actúan como ansiolíticos naturales, están principalmente el pavo, el pollo y el pescado azul. También la yema de huevo, la piña, la banana, aguacate, las ciruelas, los frutos secos, el chocolate negro y algunas algas, como la espirulina, entre otros.
plátano, uno de los ansiolíticos naturales

4. El Omega 3, bueno para casi todo

Los nutricionistas insisten en el valor alimenticio del Omega 3, principalmente para regular el colesterol y mejorar el funcionamiento del aparato circulatorio. Sin embargo, este maravilloso compuesto también tiene importantes efectos sobre los estados de ansiedad.
El Omega 3 tiene una propiedad extraordinaria: contribuye a disminuir los niveles de “cortisol”, la llamada “hormona del estrés. Esto, por supuesto, tiene como consecuencia la estabilización del estado de ánimo. De ahí que se considere uno de los ansiolíticos naturales más poderosos.
El Omega 3 se encuentra principalmente en pescados y mariscos. También está en el aceite de canola, la soya, el cordero, la carne de res orgánica, las nueces de Brasil, el aceite de oliva, espinaca, fresas y zapallo, entre otros.

5. El lúpulo, una joya natural

Muchos piensan que el lúpulo es solamente un compuesto para elaborar cerveza. Sin embargo, sus efectos sobre nuestro organismo pueden llegar a ser muy grandes, especialmente los sedantes y los hipnóticos. Los que han investigado el impacto del lúpulo sobre nuestro organismo señalan que resulta especialmente eficaz para tratar el síndrome de abstinencia en los fumadores.
También para equilibrar el estado de ánimo durante la menopausia. Incide en la producción de estrógenos y por eso conviene consultar con el médico antes de ingerirlo con ese propósito.
Todos estos ansiolíticos naturales son fáciles de conseguir, bajo precio y gusto agradable. Resulta conveniente incluirlos dentro de nuestro consumo habitual, especialmente cuando somos muy propensos al estrés, puerta de entrada a la ansiedad.
lúpulo, uno de los ansiolíticos naturales

Hikikomori: síndrome del aislamiento social

Hikikomori: síndrome del aislamiento social

 4 abril, 2018
Este artículo fue redactado y avalado por Sara Clemente
En los últimos años se ha registrado en jóvenes un incremento preocupante del llamado síndrome del aislamiento social. Este fenómeno está caracterizado por la reclusión y la soledad voluntarias. Por eso, estas personas buscan el confinamiento extremo, ya que perciben el mundo exterior como hostil, violento y agresivo.
Este síndrome originalmente fue conocido con el nombre de Hikikomori que, en japonés, significa estar confinado. Fue acuñado por el psiquiatra nipón Tamaki Saito en el año 2000. Este doctor lo definió como una nueva enfermedad social basada en la autoreclusión intencional durante un período de al menos 6 meses de duración. La mayor parte de las veces afecta a jóvenes adultos que no tienen ninguna clase de relación social o de actividad educativa o laboral.

Característica principal: el aislamiento social

La persona que padece Hikikomori trata de evitar cualquier tener contacto con el exterior, su temor a abandonar su entorno de seguridad o zona de confort es muy grande. Para ello, se sumerge en un completo aislamiento social: se encierra largos períodos en una habitación de su casa. La principal razón para no salir se debe a su profundo deseo de permanecer solo y a una apatía generalizada hacia los demás.
No obstante, hasta que estas personas acaban por encerrarse literalmente en su pequeño cubículo, van cerrando los canales de comunicación de manera gradual. Al principio, comienzan recluyéndose días en su dormitorio, luego semanas y así hasta años. Pasan el tiempo durmiendo, viendo la televisión o ensimismados en el mundo virtual de los videojuegos online.
En la mayoría de los casos, su círculo de amigos es muy reducido o totalmente nulo. Los jóvenes con síndrome del aislamiento social solamente tienen contacto con el mundo exterior a través de los dispositivos electrónicos. Y en afectados de extrema gravedad, incluso carecen de este tipo de interacción online, siendo mayor el ostracismo al que se autosometen.

Alteración de sus ritmos circadianos

El síndrome del aislamiento social provoca oscilaciones temporales en las principales variables biológicas del organismo. Por ejemplo, estos jóvenes duermen durante el día, mientras que la noche la dedican a sumergirse en los videojuegos. En cuanto a las comidas, las realizan a deshoras y con un gran descontrol y desequilibrio alimentario. A menudo, piden a domicilio comida rápida o se nutren de precocinados.
Igualmente, descuidan su higiene personal. Es característico de un Hikikomori que suela acumular basura a su alrededor, por el propio rechazo a salir a la calle o fuera de su habitación, incluso para tirar los desechos de la comida rápida que ingiere.

El papel de los padres

Shinguru es un término japonés que en castellano significa ‘soltero parásito’. Hace referencia a aquellos adultos que viven con sus padres, bajo su tutela y cuidados. Y buscan disfrutar de una vida cómoda que no podrían conseguir por ellos mismos.
Si hablamos de un adolescente y su habitación, la relación con los demás miembros de su casa es prácticamente inexistente. Aunque en algunos casos estos jóvenes atemorizan a sus padres y adoptan conductas agresivas. Otros se muestran profundamente consumidos por la tristeza, que, al persistir en el tiempo, deriva en ansiedad y depresión. En ocasiones, este encierro y una profunda insatisfacción les hace cometer suicidio.

Variantes de Hikikomori

Todos los subtipos del síndrome del aislamiento social tienen en común la reclusión voluntaria del sujeto. Pero no todos los afectados se encierran de la misma manera ni en el mismo grado. En este sentido, hay 4 tipos de Hikikomori:
  • Pre-hikikomori: la persona sale al exterior para ir al colegio o a la universidad. Pero trata de evitar en la medida de lo posible cualquier tipo de interacción social.
  • Hikikomori social: rechaza trabajar y estudiar, pero consigue tener algunas relaciones sociales, vía internet, mayoritariamente.
  • Tachisukumi-gata: muestra una marcada fobia social. Cuando se enfrenta al mundo exterior, el miedo le paraliza.
  • Netogehaijin: literalmente traducido como ‘zombie del ordenador’. Estos jóvenes se encuentran completamente aislados y el tiempo que permanecen despiertos lo emplean en el ordenador u otros medios virtuales.
Monigote encerrado en una habitación

Diferentes hipótesis para explicar el Hikikomori

En la actualidad, se desconocen las causas que explican el origen de esta alteración psicológica. Algunos teóricos consideran que es la propia tecnología la que les hace perder el contacto con la realidad. Otros autores creen que es fruto de una excesiva presión de la familia la que genera su aislamiento. Así, las expectativas que generan sus padres de su futuro les hace perder la comunicación con ellos y, poco a poco, con el resto de personas. También se habla de factores socioeconómicos y económicos.
Este síndrome fue descrito por primera vez en Japón. Por ello, al principio se pensaba que estaba vinculado exclusivamente a la cultura individualista y competitiva japonesa. En este país, los afectados se cuentan por millones. No obstante, durante los últimos años han aumentado los casos de Hikikomori -o similares- en naciones como España, Italia, Estados Unidos, Omán o India.
 

el coronavirus de Gabriel garcia marquez

Cuando José Arcadio Buendía se dio cuenta de que la peste había invadido el pueblo, reunió a los jefes de familia para explicarles lo que sabía de la enfermedad del insomnio, y se acordaron medidas para impedir que el flagelo se propagara a otras poblaciones de la ciénaga. Fue así como les quitaron a los chivos las campanitas que los árabes cambiaban por guacamayas, y se pusieron a la entrada del pueblo a disposición de quienes desatendían los consejos y súplicas de los centinelas e insistían en visitar la población. Todos los forasteros que por aquel tiempo recorrían las calles de Macondo tenían que hacer sonar su campanita para que los enfermos supieran que estaban sanos. No se les permitía comer ni beber nada durante su estancia, pues no había duda de que la enfermedad sólo se transmitía por la boca, y todas las cosas de comer y de beber estaban contaminadas por el insomnio. En esa forma se mantuvo la peste circunscrita al perímetro de la población. Tan eficaz fue la cuarentena, que llegó el día en que la situación de emergencia se tuvo por cosa natural, y se organizó la vida de tal modo que el trabajo recobró su ritmo y nadie volvió a preocuparse por la inútil costumbre de dormir.

"Cien años de soledad", de Gabriel García Márquez.

lunes, 16 de marzo de 2020

5 heridas emocionales de la infancia que persisten cuando somos adultos

5 heridas emocionales de la infancia que persisten cuando somos adultos

 12 marzo, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Raquel Aldana
Las heridas emocionales de la infancia vaticinan en gran parte de los casos cómo será nuestra calidad de vida cuando seamos adultos. Son como lesiones psíquicas, como fragmentos sueltos y mal curados que nos impiden llevar una existencia plena e incluso afrontar los pequeños problemas del día a día con mayor soltura y resistencia.
Los signos de esas heridas psicológicas suelen evidenciarse de infinitos modos. Ansiedad, pensamientos obsesivos, mayor vulnerabilidad hacia determinados trastornos, problemas del sueño, actitud defensiva…
No es fácil lidiar con un pasado traumático, sin embargo, aún lo es más cuando esas marcas se originaron en una edad temprana. En esa primera etapa de la vida de un niño donde carece aún de estrategias personales para manejar y entender ciertas dimensiones.
«Recuerda que tu cuerpo físico es un reflejo directo del estado de tu ser interior»
–Lise Bourbeau-
Así, de alguna forma, es muy común que siempre acontezcan 5 tipos de experiencias dolorosas o heridas emocionales de la infancia que terminarán dejando una impronta muy evidente en nuestra personalidad.
Veamos a continuación cuáles son nuestras heridas, definidas por Lisa Bourbeau, la conocida coach y experta en crecimiento personal famosa sobre todo por crear una escuelas y talleres bajo el nombre «Escucha tu cuerpo».
Mujer mirando hacia abajo con cara de tristeza por un recuerdo traumático

1. Heridas emocionales de la infancia: el miedo al abandono

La soledad es el peor enemigo de quien vivió el abandono en su infancia. Por tanto, es común que en la edad adulta se experimente un constante temor a vivir de nuevo esta carencia. De ahí que aparezca por ejemplo una elevada ansiedad a ser abandonado por la pareja, pensamientos obsesivos y hasta conductas poco ajustadas por el elevado temor a experimentar una vez más ese sufrimiento.
Es más, estudios como el llevado a cabo por la doctora Sharlene Wolchik de la Universidad de Arizona y publicado en el Journal of Abnormal Child Psychology nos explican que es precisamente el miedo a ser abandonados, lo que genera en gran parte de los casos las rupturas de pareja. Son situaciones donde solo vive la angustia y el temor continuado, algo que genera una elevada dependencia y presión hacia la otra persona. Son situaciones muy complejas de manejar en muchos casos.
Las personas que han tenido las heridas emocionales del abandono en la infancia, tendrán que trabajar su miedo a la soledad, su temor a ser rechazadas y las barreras invisibles al contacto físico.

La herida causada por el abandono no es fácil de curar, lo sabemos. Así, tú mismo serás consciente de que ha comenzado a cicatrizar cuando el temor a los momentos de soledad desaparezca, y en ellos empiece a fluir un diálogo interior positivo y esperanzador.

2. El miedo al rechazo

El miedo al rechazo es una de las heridas emocionales de la infancia más profundas, pues implica el rechazo de nuestro interior. Con interior nos referimos a nuestras vivencias, a nuestros pensamientos y a nuestros sentimientos.
En su aparición pueden influir múltiples factores, tales como el rechazo de los progenitores, de la familia o de los iguales. Genera pensamientos de rechazo, de no ser deseado y de descalificación hacia uno mismo.
La persona que padece de miedo al rechazo no se siente merecedora de afecto ni comprensión y se aísla en su vacío interior. Es probable que, si hemos sufrido esto en nuestra infancia, seamos personas huidizas. Por lo que debemos trabajar nuestros temores, nuestros miedos internos y esas situaciones que nos generan pánico.
Si es tu caso, ocúpate de tu lugar, de arriesgar y de tomar decisiones por ti mismo. Cada vez te molestará menos que la gente se aleje y no te tomarás como algo personal que se olviden de ti en algún momento.

3. La humillación

Esta herida se genera cuando en su momento sentimos que los demás nos desaprueban y nos critican. Podemos generar estos problemas en nuestros niños diciéndoles que son torpes, malos o unos pesados, así como aireando sus problemas ante los demás; esto destruye la autoestima infantil.
Las heridas emocionales de la infancia relacionadas con  la humillación generan con frecuencia una personalidad dependiente. Además, podemos haber aprendido a ser “tiranos” y egoístas como un mecanismo de defensa, e incluso a humillar a los demás como escudo protector.
Haber sufrido este tipo de experiencias requiere que trabajemos nuestra independencia, nuestra libertad, la comprensión de nuestras necesidades y temores, así como nuestras prioridades.

4. La traición o el miedo a confiar

El miedo a confiar en los demás surge cuando el niño se ha sentido traicionado por alguno de sus progenitores. Dimensiones como incumplir promesas, no proteger, mentir o no estar cuando más se necesita a un padre o a una madre origina heridas profundas. En muchos casos, esa sensación de vacío y desesperanza se transforma en otras dimensiones: desconfianza, frustración, rabia, envidia hacia lo que otros tienen, baja autoestima…
Haber padecido una traición en la infancia construye personas controladoras y que quieren tenerlo todo atado y reatado. Si has padecido estos problemas en la infancia, es probable que sientas la necesidad de ejercer cierto control sobre los demás, lo que frecuentemente se justifica con un carácter fuerte.
Estas personas suelen confirmar sus errores por su forma de actuar. Sanar las heridas emocionales de la traición requiere trabajar la paciencia, la tolerancia y el saber vivir, así como aprender a estar solo y a delegar responsabilidades.
Mujer mirando con cara de tristeza por la ventana

5. La injusticia

La injusticia como herida emocional se origina en un entorno en el que los cuidadores principales son fríos y autoritarios. En la infancia, una exigencia en demasía y que sobrepase los límites generará sentimientos de ineficacia y de inutilidad, tanto en la niñez como en la edad adulta. Un autor experto en este tema es sin duda Yong Zhao, un respetado académico de la educación.
Según Zhao, tal y como nos explica en uno de sus trabajos, el autoritarismo en el hogar y en la propia educación afecta tanto al desarrollo psicológico y emocional, como al potencial y rendimiento de los propios niños. Cuando nuestros derechos son vetados y no recibimos apoyo, consideración y una cercanía afectiva válida y significativa, aparecen sin duda graves heridas psicológicas.
Las consecuencias directas de la injusticia en la conducta de quien lo padece será la rigidez, la baja autoestima, la necesidad de perfeccionismo, así como la incapacidad para tomar decisiones con seguridad.
En estos casos, es importante trabajar la autoestima, el autoconcepto, así como la rigidez mental, generando la mayor flexibilidad posible y permitiéndose confiar en los demás.
Ahora que ya conocemos las cinco heridas emocionales de la infancia que pueden afectar a nuestro bienestar, a nuestra salud y a nuestra capacidad para desarrollarnos como personas, podemos comenzar a sanarlas.

domingo, 15 de marzo de 2020

Tsundoku, cuando acumulamos libros por mero placer

Tsundoku, cuando acumulamos libros por mero placer




 6 marzo, 2020
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater
A veces, compramos más libros de los que tenemos tiempo para leer. Lo hacemos porque nos apasionan, porque los adoramos y no entendemos la vida sin esos mundos literarios... Si también tú te identificas, recuerda, eres un «tsundoku».
Hay sortilegio extraordinario en el mundo de las palabras. Existen idiomas que dan nombre a una serie de conceptos, sentimientos y prácticas que identificamos de inmediato pero que, sin embargo, no existen en nuestra lengua. Tsundoku es un ejemplo de ello. Se trata de un término japonés que define a la persona que acumula libros, a aquel que hace de su hogar un templo de lo literario.
Umberto Eco, por ejemplo, aseguraba que si alguien osaba robar todos los libros que tenía en su biblioteca particular de Milán, tardarían al menos dos noches en sacarlos y necesitarían un camión de gran tonelaje para transportarlas. Y esa, era una sola de sus bibliotecas. Porque en Monte Cerignone, Italia, tenía otra con cerca de 35.000 obras.
Otros grandes ejemplos del Tsundoku eran Julio Cortázar, también Jorge Luis Borges, Rudyard Kipling o Sir Arthur Conan Doyle, quien siempre explicaba que disponía de una bonita madriguera forrada de libros en la que escribía cada día.
Mario Benedetti, por su parte, legó la mitad de su extensa biblioteca personal al Centro de Estudios Iberoamericanos de la Universidad de Alicante, España.
Virginia Woolf disponía de más de 4000 libros y las hermanas Brönte, a pesar de la humildad de sus recursos personales, atesoraron también una gran cantidad de obras. Esos mundos, esos santuarios surtidos de palabras, de historias y de voces, eran los universos donde refugiarse, los mismos que les inspiraron y les ayudaron a hacer de la literatura su verdadera pasión.
Ahora bien, admitámoslo, no hace falta ser escritor para ser un tsudonku de pura cepa. Porque son muchos los que también tienen la afición (o necesidad) de acumular libros.
Libros acumulados representando el Tsundoku

Tsundoku, el placer de acumular libros tiene también su parte «oscura»

Tsudonku proviene de dos términos nipones muy ilustrativos. Tenemos, por un lado, la raíz tsu que significa apilar (tsunami, por ejemplo, significa acumulación de olas). Por otro, doku, se traduce como lecturas, de manera que este vocablo nos habla de una realidad que se ve con frecuencia: apilamos libros y acumulamos lecturas en nuestros hogares hasta que el espacio nos lo permite.
Es muy posible que a más de uno le sea conocida esta situación. Llega un momento en que los libros ya no nos caben en las estanterías. Hacemos una especie de tetris intentando organizarlos, pero al poco, recurrimos a instalarlos en los lugares más insospechados, como en cajas por nuestras habitaciones o por debajo de las camas.
Nuestra casa al cabo de los años es como una vieja y pequeña librería de ciudad. Es más, la sola visión de esas acumulaciones hasta nos agrada.
Ahora bien, esta obsesión por los libros o bibliomanía tiene también su matiz peculiar y hasta un tanto «oscuro».

El peligro de acumular: adquirir, pero no leer

Tsudonku parece un término sacado de la actualidad, algo prototípico quizá de nuestra sociedad de consumo: adquirir, acumular, pero no llegar a consumir. Ocurre con muchos productos y mercados, como puede ser por ejemplo el de la moda. A menudo, compramos ropa que finalmente no usamos y que acabamos acumulando en nuestros armarios.
Este término apareció por primera vez en 1879 a raíz de que el escritor nipón Mori Senzo describiera ya una conducta habitual de su tiempo: personas que acumulan libros por placer, admiración u obsesión pero que, a menudo, no llegan a leer en su totalidad. Hay sin duda algo triste en esta conducta, algo que roza lo compulsivo y donde se descuida el que es sin duda el mejor tributo que podemos hacer a un libro y a su autor: la lectura.
La realidad es que la gran mayoría lo hacemos, cuando compramos un libro tenemos la intención de leerlo. El compromiso es real. Sin embargo, las obligaciones, nuestro ritmo de vida y las tareas pendientes lo impiden en muchos casos.
mesa con café y libros acumulados representando el Tsundoku

Tsudonku o el anhelo de disponer de un tiempo infinito para la lectura

Los maestros de Tsudonku abundan. Compramos no solo por placer, sino por necesidad, porque leer es para muchos como respirar: algo vital. Pero nos falta tiempo y los títulos que nos atraen en las librerías son infinitos. Compramos y acumulamos pensando que, en algún momento, nos sumergiremos en todos y cada uno de ellos.
Esas bibliotecas personales que tenemos en nuestras casas son casi como ese sótano donde Borges descubría el Aleph, un punto que contiene todos los lugares del universo. En nuestro caso, un escenario donde nos aguardan todas las voces del universo literario, llamándonos a descubrir cada uno de sus mundos.
Por otra parte, también es importante nombrar a los acumuladores de libros electrónicos. Esos universos literarios no ocupan espacio físico pero, aún así, también definen una realidad evidente del tsudonku en el siglo XXI. Sea como sea, el buen lector, como bien sabemos, siempre es fiel y logrará robarle horas al tiempo para dedicarse a lo que más adora: leer.

jueves, 12 de marzo de 2020

El rey Baltazar


Título: El rey Baltazar

Autor: Jorge Eliécer Zapata Bonilla


BIOGRAFÍA - AUTOR
Supía, Caldas. 1952
Historiador, poeta y cuentista. Primer puesto en el Concurso de cuento infantil de Extensión Cultural de Caldas con El niño que estuvo en las estrellas en 1979.  Otras obras: Huellas de perro (1980), su obra más representativa. Cuentos, en Escritores del Occidente de Caldas (Casa de la Cultura de Anserma, 1984). El sable y la bandera (cuentos), también de la Imprenta Departamental, 1998 y una serie de obras sobre la identidad del departamento de Caldas.
PORTADA
CONTRA-PORTADA
COMENTARIO:
El Rey Baltazar consta de siete cuentos cortos, adopta estructuras sencillas, emparentadas con el entorno imaginado de su autor. Los motivos son extraídos de la sabiduría popular y del transcurrir cotidiano de sus gentes. Se capta una intención pedagógica en la solución de los conflictos desde su planteamiento inicial, lo cual no demerita la obra por su naturaleza de ficción dirigida a un público especial en período de formación.  

Cuando se publicó El Rey Baltazar en los suplementos literarios, recibió una generosa recepción por parte de la crítica que ubicó a su autor, como uno de los pocos creadores de literatura infantil en Caldas, al lado de María Eastman, Antonio Mejía Gutiérrez, Hernando García Mejía y Adalberto Agudelo Duque.